martes, 23 de abril de 2013

HELENA



No sé cómo explicarte.
Te siento en lo más profundo de mi ser. De hecho no sé ni siquiera si tengo que explicarlo y tampoco sabría a quién. Sé que estás dentro de mi, y con eso me basta. En alguna parte del universo y sin alguna razón, eres como un algo intangible que me está doliendo en lo más profundo por estos días. Eres como una cortada que no quiere parar de sangrar. Una sensación de impotencia que no se supera.

Hay quienes dicen que en este mundo se vive y se muere en un segundo, por eso, tu no presencia es mi amuleto. Un algo del que agarrarme en medio del orden o del caos. Una oportunidad para cuestionarme, para desprenderme de un destino de gitanos que se supone es el señalado y con el que no estoy de acuerdo.
No sé de tu rostro, ni de tu olor, ni de tu sonrisa. Por alguna razón, sé que me acompañas en la ausencia y me basta con imaginarte.

Siempre he querido pensar que una presencia me cuida. Un algo suave, con movimiento lento y un poco distante...
¿Podrías ser acaso lo que me pone a pensar una decisión más de una vez?
Nunca he podido explicarle a nadie qué lo produce. Te culpo por eso... después de todo alguien debe asumir esa responsabilidad.
Sinceramente creo que a veces pensar tanto finaliza en el agotamiento y la decisión más acertada es lo que menos termina importando.
Mira a dónde hemos llegado... solo por escapar, adelantamos lo impensable.
Hay querida Helena, quiero que sepas que estás es mi cabeza, con mis deseos más puros y en el recuerdo que se perpetua para siempre. Aquel que queda en la sangre. El que desgarra y nunca se olvida.
Eres una mezcla de ternura, eres el producto de la aventura.
No sé qué podría enseñarte sobre la aventura, tal vez ni siquiera yo he tenido la mía.

Tal vez me duele pensarte dormida entre redes y como buena sirena, quedaste atrapada y no puedes salir.
Sin duda alguna, un solo canto tuyo sería el fin...
Helena, el universo todavía es tu casa y el viento quien te acompaña. Por eso hoy te devuelves, sin rencores, sin remordimientos.
¿Puede saberse algo confiable del viento?
Quizá, querida...
Él nunca te va abandonar. Estará siempre para ti y cuando sea el momento te va avisar.

De haber tenido otra posibilidad, seguro te hubiera llamado Helena. Como aquella diosa. Serias un acertijo de la belleza, una chica digna de tu procedencia. Por ahora solo un poco de todo y de nada también. Muchas palabras que no llevan a nada, pero que dicen un poco de todo.

Ya llegará el momento Helena, esta vez solo puedo agradecerte tu ausencia y ganar tu estadía.

¡Te deseo un buen viaje!

¿El poeta danes!