Jorge Alberto Torres está próximo a cumplir 47 años y 22 de ellos, los ha dedicado a ser zapatero en el barrio Calasanz.
“Cuando chiquito quería ser grande. No mentiras, quería ser conductor”, dice con algo de humor melancólico por su próximo cumpleaños, mientras pega con sumo cuidado el cuero de una sandalia.
Jorge nació el 20 de octubre de 1964 en Medellín. Actualmente vive en Manrique Oriental junto a su esposa Marina Garzón y su hija de 22 años, Jenny Cristina. Ellas son motivo de alegría y compromiso. Jorge cuenta que no hay mayor satisfacción que llegar a la casa y al menos poder tomarse una aguapanela con ellas.
Entre la pulidora, ampliadora y máquina de coser, todos los días se comen el almuerzo frío, y hay que verlo, porque que en compañía es de esas comidas que no sabe maluco. Es frío por que a la hora del almuerzo precisamente es que llegan muchas clientas a dejar o reclamar pedidos. "Maluco que lo encuentren a uno oliendo a huevo y papa".
Este es un oficio que practica desde los 13 años. Sin mucho dinero en el hogar, Jorge y casi todos sus hermanos, se vieron en la obligación de dejar los carros y aprender un oficio para ayudar con la economía del hogar a su mamá. Empezó en una fábrica de calzado y allí aprendió todo lo que sabe y lo que le permitió hacer más adelante su propio negocio.
Este es un oficio que practica desde los 13 años. Sin mucho dinero en el hogar, Jorge y casi todos sus hermanos, se vieron en la obligación de dejar los carros y aprender un oficio para ayudar con la economía del hogar a su mamá. Empezó en una fábrica de calzado y allí aprendió todo lo que sabe y lo que le permitió hacer más adelante su propio negocio.
Como una persona rebuscadora, trabajó como conductor de taxi durante algunos años. “Una cosa o la otra. Había que pensar en la gasolina, llantas, el mecánico, repuestos y no alcanzaba a cubrir todos los gastos, así que mejor me dediqué a esto y hasta ahora, no me arrepiento”.
Jorge trabaja todos los días de 10:00 am a 7:00 pm, menos los días que tiene que ir a comprar suministros a las peleterías en el Pasaje Comercial Coltejer, en el centro de Medellín. Ese es un día especial para relajarse y ver qué está pasando en la ciudad.
Durante veinte años, estuvo ubicado entre la esquina de la Unidad Residencial Olivenza y Cerros del Escorial en Calasanz. “La vida en una esquina es muy dura, uno al sol y al agua reza para que nada de lo que me habían mandado a arreglar no se moje o se dañe. Eso es muy berraco”.
“Yo creo que hay cosas en esta sociedad que no están bien. Por ejemplo, vivir bien es muy peligroso. El día en que espacio público llegó, se les recibió de buena manera y después de un rato les dije: ¿por qué no van y molestan a los que matan y roban, porque molestan al que está ganándose la papita honradamente? y después de unas cuantas vueltas, como si nada, me dijeron que no volviera hacerme ahí o que se me llevaban las cosas”.
Pero un día la vida de Jorge cambió. “Una clienta recurrente pasó y me dijo que hablara con el padre Hernán de Jesús Sánchez, que por esos días era el que estaba como sacerdote en la iglesia Don Matías. Yo pasé y él me dijo que habían adecuado un lugar y que si quería, organizara las cositas aquí”.
Pero un día la vida de Jorge cambió. “Una clienta recurrente pasó y me dijo que hablara con el padre Hernán de Jesús Sánchez, que por esos días era el que estaba como sacerdote en la iglesia Don Matías. Yo pasé y él me dijo que habían adecuado un lugar y que si quería, organizara las cositas aquí”.
Así que desde hace unos años organizó las cosas y se apropió de este espacio pagando 130.000 mil pesos mensuales hasta entonces.
“La gente en el barrios es buena paga, traen de todo tipo de zapatos, tenis, sandalias, tacones, correas. También trabajamos con cuero, porque una persona que es guerrera no se le arruga a nada”, termina de explicar Jorge.
A la vista un cartel de colores llamativos se expone: reparación de calzado. Anchada pegada, costura, cierre y tintura. Trabajo garantizado. Jorge Torres 3105376476.
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