Su nombre original es: María Miriam Romero, mide 1.50, su cabello es castaño oscuro y le gusta la lencería de cuero y los tacones de punta de aguja.
En los rígidos y helados tubos del prostíbulo Las Conejitas, ella sabe bien como robarse la atención de cada uno de los espectadores.
Cada vez que tiene que hacer su acto, Miriam se para con firmeza en una larga pasarela llena de colores pasteles y miradas lascivas. Con toda la calma, comienza una danza excitante con "One" de Metallica y jugando con el tubo, baila lentamente para que los clientes introduzcan los billetes.
La Diabla no es la mujer más hermosa, ni siquiera tiene el mejor cuerpo del lugar, es algo en su estilo lo que llama la atención, un no sé qué que se combina con la canción y llega tan profundo que no quieres perderte ningún segundo.
Al rededor los hombres no modulan. Todo parece detenerse y ella sigue bailando.
Cuando termina el acto, el proxeneta le señala el elegido. Pasa a mi lado y las estrías de su abdomen me rebelan un recorrido maternal, un recorrido que después me cuenta le ha dejado dos hijos, una niña de nueve y uno de dos. Dos niños que son su razón de ser y que piensan que su mamá sale todas las noches a trabajar en algún comedero urbano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario